Recreadores de El Comité en la sierra de Alcubierre, escenario del frente de Aragón, antes del incendio de 2026.

El fuego calcina la sierra de Alcubierre, escenario del frente de Aragón

El Comité. Grupo de Recreación Histórica lleva años recorriendo la sierra de Alcubierre para documentar y reconstruir los combates del frente de Aragón. Por eso el incendio forestal declarado el 30 de junio de 2026 en Leciñena nos ha tocado de cerca. El fuego ha arrasado alrededor de 3.300 hectáreas de cultivos de cereal, monte bajo y superficie forestal en la misma sierra donde grabamos, hace tres años, el vídeo de presentación de nuestro proyecto.

El paisaje que aparece en el vídeo —campos verdes y bosques dispersos, poco frecuentes en una comarca conocida por su aridez— ya no existe tal como lo conocíamos. Después de varios días de lucha contra las llamas, con más de 525 personas trabajando sobre el terreno y la colaboración de más de 50 agricultores de la zona, el operativo del Gobierno de Aragón logró estabilizar el incendio y controlar su perímetro. El esfuerzo evitó lo peor: que el fuego cruzara la carretera A-129 y se propagara hacia el corazón de la sierra.

Qué ha ocurrido en Leciñena y Alcubierre

El incendio se declaró en el término municipal de Leciñena y avanzó con rapidez empujado por el cierzo, el viento característico del valle del Ebro. Durante las jornadas más críticas, las rachas obligaron a replegar temporalmente a las brigadas terrestres y el fuego amenazó con saltar hacia una extensa masa forestal. La carretera A-129, entre Alcubierre y Robres, funcionó como cortafuegos natural y se convirtió en la línea que el dispositivo no podía permitir que el fuego rebasara.

Una vista panorámica de la Sierra de Alcubierre en abril de 2023. Esta imagen captura la topografía ondulada y la vegetación de matorral bajo y pinar que, aunque hermosa, se convirtió en combustible, amenazando las líneas de trincheras que el artículo describe.

La mejora de las condiciones meteorológicas durante la noche —caída del viento, ascenso de la humedad y descenso de las temperaturas— permitió consolidar el perímetro. El operativo rebajó entonces el nivel de alerta y comenzó a desmovilizar parte de los medios, aunque mantuvo restringido el acceso al monte por seguridad. No se registraron daños personales, un desenlace que, dada la magnitud del fuego, conviene subrayar.

Una sierra que también es memoria histórica

La sierra de Alcubierre no es un monte cualquiera. Entre 1936 y 1938 fue una de las líneas del frente de Aragón, el teatro de operaciones que dividió la región en dos durante la mayor parte de la guerra. Sus alturas estuvieron guarnecidas por milicias y, más tarde, por unidades del Ejército Popular de la República, frente a las posiciones sublevadas que protegían Zaragoza.

El término trinchera, designa aquí algo muy concreto: las posiciones excavadas que aún hoy pueden rastrearse en estos montes y que dan sentido a nuestro trabajo sobre el terreno.

Cuando un entorno así arde, no solo se pierde masa forestal. Se degrada también el paisaje que permite entender cómo se combatió en este frente: el relieve, las distancias entre posiciones, la vegetación que servía de refugio o de obstáculo. Los montes de Robres, Leciñena y Alcubierre tardarán décadas en recuperar el aspecto que hoy conocemos.

Las trincheras que el fuego dejó al descubierto

El incendio se ha llevado el paisaje, pero también ha destapado la historia que el monte ocultaba. En la partida de Los Monchos, muy cerca del punto donde se originó el fuego, la retirada de la vegetación ha dejado a la vista vestigios de la Guerra Civil que hasta ahora permanecían prácticamente invisibles bajo el matorral. Las cuadrillas forestales que trabajan en las labores de remate han ido encontrando estas huellas de posiciones defensivas mientras aseguraban el terreno.

No es un caso aislado. La Sierra de Alcubierre fue durante casi dos años la línea que separó a los dos bandos, y el suelo conserva bajo la maleza una densa red de trincheras, ramales de comunicación, pozos de tirador y observatorios. La vegetación que crecía sobre ellos los protegía de la vista, pero también los borraba de la memoria. Cuando el fuego arrasa esa cubierta vegetal, el relieve de la guerra vuelve a aflorar con una nitidez inquietante.

Por un lado, deja al descubierto estructuras que pueden estudiarse y catalogarse antes de que la erosión o una nueva capa vegetal las oculten de nuevo. Por otro, esos vestigios quedan expuestos y frágiles, en una zona todavía vigilada por los equipos de extinción y con el acceso restringido por seguridad. Documentar no es lo mismo que hollar: acercarse a estas posiciones ahora, sin autorización y con el monte aún caliente, supone un riesgo para las personas y para el propio patrimonio.

El paso del fuego ha dejado al descubierto líneas de trincheras que llevaban décadas ocultas bajo la maleza, algo que desde fuera podría verse como un hallazgo. Sin embargo, para la recreación rigurosa supone un grave problema, ya que desaparece el contexto ambiental histórico. Sin esa cubierta vegetal original, perdemos la capacidad de analizar in situ cómo el bosque servía de camuflaje, de obstáculo natural para el avance de la infantería o de simple barrera contra el clima extremo de los Monegros.

La Ruta Orwell y Las Tres Huegas: el patrimonio que resistió

La pregunta que muchos se hicieron durante los días del incendio fue si el fuego había alcanzado las trincheras recuperadas del frente de Los Monegros. La respuesta, por fortuna, es tranquilizadora en lo esencial. Las posiciones de la Ruta Orwell, en el antiguo lado republicano, y las de Las Tres Huegas, vinculadas al bando sublevado y situadas al otro lado de la carretera A-129, en el entorno de San Simón, no han sufrido daños estructurales.

La Ruta Orwell debe su nombre al escritor británico George Orwell, que combatió en este sector encuadrado en las milicias del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Destinado a la sierra en los primeros días de enero de 1937, luchó en las posiciones de Monte Pucero y Monte Irazo hasta mediados de febrero, una experiencia que después volcó en Homenaje a Cataluña. Estas trincheras, recuperadas en 2006, fueron pioneras en España al convertir los vestigios de la guerra en un recurso histórico y didáctico visitable.

Durante el incendio, la A-129 hizo de cortafuegos y salvó las posiciones más emblemáticas. La antigua frontera entre los dos ejércitos volvió a funcionar, ocho décadas después, como línea divisoria: esta vez entre lo que el fuego devoró y lo que logró preservarse. El refugio de La Pajera, sin embargo, sí quedó en la zona batida por las llamas, un recordatorio de que el margen fue estrecho.

Con todo, el balance patrimonial no debe hacernos olvidar la magnitud real de la pérdida. El incendio ha calcinado más de 3.000 hectáreas y ha herido el paisaje que hacía única la visita a esta sierra: el monte verde y boscoso que tantos visitantes no esperaban encontrar en Los Monegros. La piedra de las trincheras se ha salvado, pero el entorno que las rodeaba —el pinar, la sabina, el monte bajo— tardará décadas en recomponerse. El Gobierno de Aragón ha solicitado para Leciñena, Robres y Alcubierre la declaración de zona afectada gravemente, un primer paso hacia la recuperación de un territorio que es, a la vez, naturaleza y memoria.

Por qué este paisaje importa para la recreación histórica

Para nosotros, el terreno es una fuente más. La recreación histórica de la Guerra Civil no se limita a vestir un uniforme: exige estudiar el escenario real donde ocurrieron los hechos. Recorrer la sierra de Alcubierre nos ha permitido comprender las condiciones materiales de la vida en el frente, como el frío, la exposición a la climatología y la dificultad del abastecimiento, y trasladarlas con rigor a nuestras actividades.

Ese conocimiento del entorno alimenta directamente nuestra labor de divulgación histórica, con la que acercamos el frente de Aragón a investigadores, docentes, medios de comunicación y público general. El paisaje que hemos documentado durante años era, en sí mismo, un recurso pedagógico. Su pérdida nos obliga a redoblar el esfuerzo de conservar la memoria por otras vías: el archivo fotográfico, el testimonio y la reconstrucción documentada.

Nuestro apoyo a la comarca de Monegros

Desde El Comité queremos trasladar todo nuestro apoyo y solidaridad a los vecinos de Robres, Leciñena y Alcubierre, así como a los cientos de efectivos —brigadas forestales, medios aéreos, Unidad Militar de Emergencias, bomberos y agricultores voluntarios— que durante días trabajaron para contener el fuego. Su esfuerzo coordinado salvó infraestructuras, explotaciones agrarias y, sobre todo, evitó daños a las personas.

Hoy, con la fisionomía de la sierra alterada por el fuego, el archivo gráfico y audiovisual que hemos construido en la asociación adquiere un valor documental insustituible. Las fotografías que ilustran este artículo, tomadas meses antes del desastre, ya no son un simple acompañamiento visual. Son la prueba intacta de un entorno que tardará décadas en recuperarse y nuestra mejor herramienta para seguir divulgando la realidad material del frente.

La sierra volverá a verdecer, aunque necesite tiempo. Y cuando lo haga, seguiremos ahí para contar lo que estas tierras representan: no solo un paraje natural, sino un testigo vivo de la historia que nos comprometemos a preservar.

Si este artículo te ha acercado a la historia del frente de Aragón y a lo que la sierra de Alcubierre representa para su memoria, hay una forma de ir más lejos: formar parte de El Comité.

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