Fotografiar la Guerra Civil como en 1937: cámaras de época en la recreación histórica

Cuando se dispara en fotografía analógica, lo más difícil no es enfocar sin telémetro electrónico ni calcular la exposición a ojo: es esperar. Esperar a que el laboratorio revele el carrete, sin saber todavía si la imagen ha salido bien. Fotografiar teniendo fe en que todo ha ido bien, teniendo confianza en las habilidades de uno mismo y teniendo paciencia para ver los frutos de las dos anteriores. En El Comité. Grupo de Recreación Histórica, esa espera se ha convertido en parte del oficio: varios miembros del grupo han hecho de la fotografía histórica su afición dentro de la afición, y llevan a las recreaciones sus cámaras fabricadas en los años treinta, contemporáneas del conflicto que reconstruyen.

Una cámara, un método

La recreación histórica no se acaba en la indumentaria ni en el armamento. También hay patrimonio en las herramientas civiles de la época —una cámara, una radio, una máquina de escribir— y en el conocimiento necesario para manejarlas y conservarlas. Fotografiar con una cámara mecánica de hace noventa años obliga a aprender su funcionamiento: cargar el carrete a mano evitando que se vele, calcular la exposición con ayuda de un fotómetro, revelar el negativo con los químicos y los tiempos adecuados.

Ese aprendizaje forma parte de la misma disciplina que sostiene la recreación histórica de la Guerra Civil Española rigurosa: no basta con parecer de época, hay que operar de época.

Las cámaras: una Kodak Retina y dos FED soviéticas

Las fotografías de la última salida del grupo se hicieron con tres cámaras anteriores a la guerra, según sus números de serie: una Kodak Retina fabricada en 1936, y dos FED soviéticas, una de 1936 y otra de 1937.

La Kodak Retina nació en julio de 1934, diseñada por August Nagel para Kodak AG tras la compra de su empresa alemana en 1931. Su aportación no fue solo mecánica: introdujo el cartucho precargado de película de 35 mm, compatible también con Leica y Contax, que eliminó la necesidad de cargar el carrete a mano en un cuarto oscuro. Fue, en ese sentido, una de las cámaras que popularizaron el formato de 35 mm más allá del círculo profesional. En este evento, fue Juan Múrtula quien manejó su cámara Kodak Retina.

La FED tiene un origen más singular. Se fabricaba desde 1934 en la Comuna Dzerzhinski, un taller-escuela de Járkov (Ucrania) donde jóvenes huérfanos y antiguos delincuentes trabajaban y se formaban bajo un régimen de reeducación soviético. El modelo era una copia directa de la Leica II, estéticamente solo un amante de la fotografía sabría diferenciarlas, y su nombre honra a Félix Dzerzhinski, fundador de la NKVD, la policía política soviética: las primeras unidades llevaban grabados en cirílico alusivos a esa organización, retirados a partir de 1946. Juan Múrtula y Luca Meliveo fueron los que usaron cámaras FED en esta ocasión (¡sí, Juan usaba dos cámaras a la vez!).

Usar hoy una Kodak Retina o una FED en una recreación no es solo estética: es comprender y operar con la misma tecnología fotográfica —mecánica, sin electrónica, dependiente por completo del criterio de quien dispara— que estaba disponible en cualquier frente europeo de finales de los años treinta, el español incluido.

La película: Fomapan 400

El material fotosensible elegido es la Fomapan 400, una película en blanco y negro pancromática de sensibilidad ISO 400/27°, fabricada por la firma checa Foma. Su amplia latitud de exposición —admite hasta dos pasos de error sin comprometer el revelado— la hace especialmente adecuada para el trabajo de campo, donde no siempre hay tiempo ni luz para medir con precisión. Se comercializa en formato 120, en carretes de 35 mm y en hojas sueltas de hasta 18 × 24 cm, lo que permite usarla indistintamente en cámaras de medio formato y en las de 35 mm, como la Retina o la FED.

Arqueología experimental con carrete

Lo fácil y natural para alguien del siglo XXI es usar cámaras digitales, o incluso el teléfono móvil. Fotografiar con cámaras y película de época es, en el fondo, un ejercicio de arqueología experimental: reproducir un proceso técnico histórico, no solo su resultado visual, para entender las limitaciones y las decisiones que tomaba quien empuñaba la cámara hace noventa años. Un filtro digital que imita el grano analógico no exige aprender a calcular la exposición sin fotómetro, ni a revelar un carrete sin saber qué ha salido hasta minutos —o días— después. La diferencia entre imitar una textura y reproducir un método es, precisamente, la que separa la recreación histórica rigurosa del atrezo. Esta filosofía la conoce muy bien Sean Edwards, recreador norteamericano enamorado a partes iguales de la Guerra Civil y de la fotografía analógica, y culpable de que muchos de nosotros tengamos ese picorcillo por los carretes antiguos.

La prueba de campo

Los compañeros de El Comité y Divulga Historia – Frente Andaluz pusieron a prueba las tres cámaras durante una reciente recreación de la batalla de Brunete, en Villanueva del Pardillo. Las fotografías resultantes —en blanco y negro, sin retoque digital posible porque no existe archivo digital que retocar— documentan la recreación con el mismo lenguaje visual que habría usado un fotógrafo de 1937: contraste marcado, textura visible y encuadres pensados antes de disparar, porque cada fotograma cuenta y el carrete no es infinito.

Ese cuidado por reproducir no solo el escenario sino también el método de trabajo de la época es el núcleo de las técnicas de living history que practica el grupo.

La próxima vez que El Comité publique un carrete revelado, la espera —esa incertidumbre que ningún visor digital elimina— seguirá siendo parte del resultado. No es nostalgia: es la forma más honesta de fotografiar recreación histórica con las mismas reglas que tenía quien apretaba el obturador hace noventa años.

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