El Comité. Grupo de Recreación Histórica participó entre el 4 y el 6 de septiembre de 2026 en la II Recreación de la batalla de Brunete, celebrada en Villanueva del Pardillo y organizada por Rutas con Historia junto al ayuntamiento de la localidad. La jornada central se desarrolló el sábado 5, de diez de la mañana a once de la noche, con acceso libre y dentro del programa de las VI Jornadas de la Comarca de la Batalla de Brunete.

El escenario no se eligió por capricho. Villanueva del Pardillo estuvo dentro del campo de batalla durante los veinte días de julio de 1937 en que el oeste de Madrid se convirtió en uno de los frentes decisivos de la guerra. Y el episodio que se representó —el asalto a la cota 660— ocurrió a escasa distancia del terreno que hoy pisan los recreadores.
El pueblo que cambió de manos en julio de 1937
A comienzos de julio de 1937 el mando republicano preparó una gran ofensiva al oeste de Madrid. La intención era romper el frente en profundidad, aliviar la presión sobre la capital y obligar a Franco a desplazar fuerzas desde el norte, donde la caída de Bilbao había golpeado seriamente la moral republicana. Según el estudio de José Manuel Martínez Bande publicado en 1959 en la Revista de Historia Militar, Vicente Rojo concibió la ruptura precisamente entre Villanueva del Pardillo y Navalagamella, con Quijorna, Villanueva de la Cañada y Brunete como objetivos sucesivos.
El ataque comenzó el 6 de julio de 1937. Martínez Bande sitúa en Villanueva del Pardillo, al iniciarse la ofensiva, al 8.º batallón de San Quintín y dos piezas contracarro. La guarnición aguantó los primeros días bajo fuego y presión constantes, pero la noche del 10 al 11 de julio el pueblo cayó en manos republicanas y sus defensores quedaron prisioneros. El municipio que hoy organiza la recreación fue, durante aquellas semanas, un objetivo militar disputado.
Ese reparto de la batalla por el territorio explica también el formato de las jornadas actuales: la ofensiva afectó a Quijorna, Villanueva de la Cañada, Villanueva del Pardillo, Villafranca del Castillo y Boadilla, y las actividades conmemorativas se distribuyen entre varios de esos municipios.
Qué se recreó: el asalto a la cota 660
El episodio representado en Villanueva del Pardillo corresponde al 20 de julio de 1937. Ese día se puso a las órdenes del general Asensio la 2.ª agrupación de la V Brigada de Navarra, mandada por el teniente coronel Juan Fernández Capalleja y formada por el 3.er batallón de Argel, el 4.º y el 7.º batallones de Zamora y el 4.º tabor de Regulares de Alhucemas. El diario de operaciones de la división Provisional del Guadarrama, conservado en el fondo del Instituto de Historia y Cultura Militar, detalla la operación con precisión poco habitual.

El ataque se planteó en tres fases, cada una precedida de su propia preparación artillera: primero la cota 660 o loma Bellota; después las casas Blanca y Roja; por último, el castillo de Villafranca. A las doce del mediodía la agrupación estaba en su base de partida. A las doce y cuarenta y cinco, el 4.º tabor de Regulares de Alhucemas y el 3.er batallón de Argel se lanzaron al asalto y tomaron la cota tras vencer una resistencia dura. Mientras tanto, la 8.ª bandera de La Legión ejecutaba un ataque demostrativo desde la otra orilla del Guadarrama para atraer la atención del enemigo.
La posición no se consolidó sin coste. Los días 21 y 22 de julio, la línea ocupada por la 2.ª agrupación soportó ataques con carros, artillería y aviación, especialmente intensos sobre la propia cota 660, guarnecida entonces por el 4.º tabor de Regulares de Alhucemas. Todos fueron rechazados.
Conviene una precisión toponímica que no es menor para quien quiera documentarse por su cuenta: lo que los republicanos llamaban «cota 660» aparece en la documentación franquista como loma Bellota o loma Habichuela, y forma parte del cerro de La Mocha, al sureste del casco urbano. En el sector de Brunete existen varias elevaciones registradas con esa misma cota, de modo que confundirlas es un error fácil de cometer al cruzar fuentes de ambos ejércitos.
La batalla del 5 de septiembre
La recreación principal arrancó a las once de la mañana. Antes de las hostilidades se llevó a cabo la instrucción de tropa y ambos bandos tuvieron una arenga por parte de sus oficiales responsables. Poco después sobrevolaron la zona varios biplanos de la Fundación Infante de Orleans, recibidos con vítores y saludos desde el suelo.

En el combate destacó la participación de los marineros, aportados por El Comité y por los compañeros de Divulga Historia-Frente Andaluz. La cota 660 fue atacada y tomada, y cambió de manos dos veces antes de quedar definitivamente en poder de las fuerzas sublevadas —una licencia narrativa respecto al desarrollo histórico, que resolvió la posición en un solo asalto—. La acción contó con el apoyo de varios vahículos y con la intervención de sanitarios para salvar a los caídos.
Entre el material expuesto figuraban un blindado UNL, una pieza antitanque alemana Pak 36 y un camión de transporte de tropas. La presencia del Pak 36 no es decorativa: responde al enorme protagonismo que alcanzaron los carros soviéticos en la ofensiva. El historiador Artemio Mortera calcula que el Ejército Popular concentró para Brunete una Brigada de Tanques con unos 130 carros T-26B, además de medio centenar largo de blindados. La lucha contracarro se estaba convirtiendo entonces en una necesidad de primer orden para cualquier ejército europeo, y Brunete permite observar ese cambio tecnológico pocos años antes de que la guerra mecanizada alcanzara otra escala.

La representación terminó como debe terminar cualquier trabajo de recreación histórica de la Guerra Civil bien entendido: con apretones de manos y abrazos entre los dos bandos, y un minuto de silencio por los fallecidos.
El museo vivo: una clase de alfabetización en el frente
Terminado el combate, el recinto se transformó en museo vivo. Los grupos montaron distintos displays para mostrar al público las labores cotidianas del frente, esas que no aparecen en los partes de operaciones pero ocupaban la mayor parte del tiempo de un soldado.
El Comité representó, junto a Divulga Historia-Frente Andaluz, una clase de alfabetización impartida por la Milicia de la Cultura. Las Milicias de la Cultura se crearon el 2 de febrero de 1937, por acuerdo del Consejo de Ministros del 30 de enero, como un cuerpo de maestros e instructores integrado en las unidades de combate y dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Su misión era enseñar a leer, escribir y calcular a una tropa en la que el analfabetismo era masivo: muchos soldados no podían siquiera escribir a sus familias. La Cartilla Escolar Antifascista, que combinaba silabario, aritmética y consigna política, fue una de sus herramientas centrales.
Recrear esa clase no es una anécdota simpática. Es la forma más directa de explicar que el frente también fue un espacio educativo y propagandístico, y encaja de lleno en las actividades de divulgación histórica que el grupo desarrolla durante el año.
Otros miembros de El Comité ofrecieron visitas guiadas breves por las trincheras excavadas en el recinto, explicando sobre el terreno las tácticas empleadas y el armamento presente. Llegada la hora del almuerzo, la tropa se retiró a descansar con una sopa de lentejas acompañada de pan y vino.
El puesto de socorro y las Margaritas
Varias recreadoras de El Comité representaron un puesto de socorro sublevado dedicado al trabajo de las Margaritas. La denominación procede de Margarita de Borbón, esposa de Carlos VII, conocida como «el Ángel de la Caridad» por su labor en los hospitales de campaña durante la última guerra carlista.

Su papel durante la Guerra Civil fue mucho más amplio que la enfermería. Las Margaritas de la Comunión Tradicionalista organizaron talleres roperos, comedores y almacenes de alimentos, atendieron a huérfanos, cosieron uniformes y distintivos para los requetés y sostuvieron la correspondencia entre el frente y la retaguardia. María Rosa Urraca Pastor asumió con ellas la Delegación de Frentes y Hospitales, y con el avance de la guerra la enfermería dejó de ser tarea exclusiva de mujeres de posición acomodada: tras cursillos acelerados, mujeres de clases humildes se incorporaron a los hospitales militares y a las tareas de apoyo logístico y asistencia sanitaria.
Documentar ese trabajo permite además equilibrar una representación que, cuando se limita al combate, deja fuera a más de la mitad de quienes sostuvieron la guerra.
La trinchera de noche
Al caer la tarde, los recreadores volvieron a sus puestos. Las visitas nocturnas guiadas recorrieron las trincheras mientras se representaban escenas sucesivas de la vida en línea: la instrucción en el manejo de la ametralladora «Maxim», la evacuación de unos soldados de patrulla que habían sido tiroteados y la incorporación de nuevos reclutas a la Brigada de Navarra.

Este formato nocturno es, probablemente, el que mejor define las técnicas de living history que el grupo practica. No hay guion heroico ni clímax: hay rutina, espera, frío y tareas repetidas. El visitante no asiste a un combate, sino a las horas que lo rodean, que son las que verdaderamente ocupaban la existencia de un soldado en el frente.
Por qué esto no es un espectáculo
La comarca conserva todavía trincheras, posiciones fortificadas, observatorios y restos de obras de campaña. La investigación doctoral de Ángela Crespo Fraguas, dedicada a la fortificación de campaña del teatro de operaciones del centro, describe ese conjunto como cicatrices en el paisaje. El frente no desapareció cuando terminaron los combates: quedó escrito en el terreno.

Ese es el argumento que separa una recreación rigurosa de una exhibición. Cuando la representación se apoya en el diario de operaciones de la unidad que combatió allí, en la toponimia militar de ambos bandos y en los restos materiales que siguen sobre el suelo, deja de ser un acto de disfraz y pasa a ser una herramienta de interpretación del patrimonio. El público que recorre una trinchera, guiado por alguien que puede explicar qué unidad la ocupó, con qué armamento y contra quién, se lleva algo que no cabe en un panel informativo.
Es el mismo enfoque con el que El Comité trabaja en otras citas del calendario, como la recreación de la batalla del Ebro en Fayón. Cambian el escenario y las unidades; el método de trabajo, no.
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