El pasado 5 de marzo de 2026, seis miembros de El Comité. Grupo de Recreación Histórica acudieron por segunda vez al Colegio San José de Calasanz, Escolapios de Barbastro, para llevar a cabo una actividad de divulgación de la Guerra Civil en colegios dirigida a los alumnos de 4.º de la ESO. La jornada combinó narración en primera persona, análisis documental y contacto directo con objetos originales de la época —un enfoque que convierte la historia en algo que se puede escuchar, ver y tocar.
Material didáctico creado para la ocasasión
Desde el momento en que la actividad quedó confirmada, el grupo comenzó a preparar material específico para la sesión. El objetivo era claro: que cada pieza de información tuviera un soporte tangible que los estudiantes pudieran examinar.
Los recreadores diseñaron y produjeron resguardos, reproducciones fotográficas y objetos como réplicas de las pesetas emitidas por el Consejo Municipal de Barbastro durante la guerra. Cada elemento estaba pensado para cumplir una función concreta dentro de la narración: dar credibilidad a las historias, anclarlas en un contexto local reconocible y ofrecer a los alumnos una dimensión material que los libros de texto rara vez proporcionan.
Este tipo de preparación es habitual en las actividades de divulgación histórica del grupo. No se trata de improvisar una charla con buenas intenciones, sino de construir una experiencia didáctica con materiales verificados y un guion documentado.
Seis personajes, seis formas de vivir la guerra
La primera parte de la actividad consistió en una charla en la que cada recreador presentó un personaje cuya vida, por una u otra razón, se entretejía con la historia de Barbastro. Dos civiles, dos republicanos y dos sublevados. Tres personas políticamente activas y tres personas arrastradas por la vorágine de un conflicto que no eligieron.

- Un profesor de Escolapios retenido por milicianos, que vive con miedo una situación que no se cree que esté ocurriendo. Su historia transcurre, precisamente, en el mismo edificio donde los alumnos estaban escuchándola.
- Una costurera que comienza a militar en el POUM y pone toda su ilusión en el nuevo orden social revolucionario. Su perfil muestra cómo la guerra no solo movilizó a hombres en edad militar, sino que transformó la vida cotidiana de mujeres que encontraron en la política un cauce de acción directa.
- Un voluntario catalán que experimenta de primera mano la militarización de las columnas de milicianos y las reformas económicas de las colectivizaciones. Su historia permite explicar el paso del entusiasmo revolucionario de 1936 a la organización militar convencional de 1937.
- Un pastor de La Franja movilizado en el ejército republicano que, siendo un simple camillero, colabora con los diferentes hospitales creados para atender a los heridos de los alrededores de Huesca. Un personaje que ilustra cómo la guerra afectó al mundo rural aragonés y a personas que jamás habían tenido contacto con la política.
- Un requeté con seguridad absoluta en la victoria y en la religión que, en mitad de una ciudad destruida por la guerra y el cansancio, escribe a casa para saber cómo está su familia. Su perspectiva muestra la dimensión personal y doméstica del conflicto, incluso entre los combatientes más convencidos.
- Un oficial de ingenieros superviviente de Belchite que, a estas alturas de la guerra, confiesa que su única ideología es dormir en su propia cama. Una forma directa de transmitir el desgaste acumulado tras meses de combate y la distancia entre los discursos oficiales y la realidad de las trincheras.
La selección de personajes no fue casual. Cada uno representa un perfil social, ideológico y geográfico distinto, lo que permite a los alumnos comprender que la Guerra Civil no fue un enfrentamiento entre dos bloques monolíticos, sino un conflicto que atravesó a toda la sociedad de maneras muy diferentes. Esta construcción de personajes a partir de documentación real es uno de los pilares de las técnicas de living history que el grupo aplica en sus actividades.
Análisis de imágenes y participación activa
Tras las presentaciones, los alumnos participaron en una actividad de análisis de imágenes históricas. El ejercicio les pedía identificar en fotografías reales de la época los elementos que los recreadores habían explicado en sus historias: tipos de uniforme, insignias, equipamiento, contextos urbanos o rurales.
La actividad no era meramente contemplativa. De las respuestas de los estudiantes dependía hasta un punto en su siguiente examen, un incentivo que elevó la atención y la implicación del grupo.
Contacto directo con material original
La parte final de la jornada permitió a los alumnos sostener y examinar piezas originales de indumentaria y equipamiento de la Guerra Civil. Tocar un correaje, sopesar una cantimplora o examinar el tejido de una guerrera añade una dimensión sensorial que ningún manual puede reproducir.
Este enfoque en el que los alumnos establezcan un contacto físico real con los objetos responde a los principios de la arqueología experimental: comprender el pasado no solo a través de la lectura, sino también a través de la experiencia material directa.



Un escenario con memoria propia
La actividad tuvo un valor añadido que ningún recreador podía fabricar: el propio edificio. El Colegio San José de Calasanz fue testigo de uno de los episodios más crueles de la guerra en Barbastro. En su actual salón de actos —el mismo espacio donde se desarrolló la charla— fueron recluidos los religiosos de la comunidad antes de ser ejecutados durante la represión religiosa del verano de 1936.
Ese dato no es un detalle ambiental. Cambia por completo la experiencia de los alumnos cuando descubren que la historia que están escuchando ocurrió exactamente donde están sentados. La distancia entre pasado y presente se reduce a cero, y eso es algo que ningún libro de texto puede ofrecer.
Una forma diferente de abordar lo difícil
La Guerra Civil Española no es un tema sencillo de llevar al aula. Arrastra carga emocional, lecturas ideológicas encontradas y, en muchos casos, conexiones familiares directas con los alumnos. La divulgación de la Guerra Civil en colegios exige un enfoque que sea riguroso sin ser frío, humano sin ser sentimental y completo sin pretender agotar el tema.
La jornada en Barbastro demostró que ese equilibrio es posible cuando se combina investigación documental, narración en primera persona, participación activa y un espacio que habla por sí mismo. Los seis recreadores de El Comité no fueron a dar una clase. Fueron a compartir seis vidas documentadas en un lugar que todavía recuerda las suyas.
Si esta actividad te ha mostrado lo que significa acercar la Guerra Civil a las aulas con rigor y respeto, hay una forma de ir más lejos: formar parte de El Comité.
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